miércoles, 8 de julio de 2009

Fallece "Enrique Congrains Martin" (1932-2009)


Esta caricatura fue hecha en el 97 cuando me encontraba haciendo su libro "Libro de Oro de las Manualidades" (publicada en el libro "El Origen de los Incas - Sketchbook"), tuve la suerte de conocerlo y trabajar con tan importante personaje de nuestra literatura nacional, no lo volví a ver hasta en junio de 2008, lo encontré en supermercado y me comentaba que tenía siempre libros por editar. Es sin lugar a dudas una de las personas más lucidas que he conocido.
¡Descance en Paz Sr.Congrains!

"Libro de Oro de las Manualidades se editó en Agosto de 1997 por ENRIQUE CONGRAINS MARTIN, el autor de "No una sino muchas muertes" y "El niño junto al cielo".
El escritor peruano Enrique Congrains Martin falleció el último lunes en Cochabamba, a la edad de 77 años. Nació en Lima, en 1932, y en los años cincuenta fue uno de los representantes de la narrativa “realista urbana” limeña, junto con autores como Carlos Eduardo Zavaleta, Oswaldo Reynoso o Julio Ramón Ribeyro. Su cuento “El niño de junto al cielo” (1954), que trata de un niño que vive en uno de los cerros de la periferia limeña, es infaltable en los textos escolares peruanos; y su novela No una sino muchas muertes (1958) sirvió de base a la película Maruja en el infierno (1983) de Francisco Lombardi.
Alejado de Lima y de la literatura desde la década de 1950, hizo un entusiasta retorno a ambas hace un par de años, con el libro El narrador de historias (2007) una novela futurista, irregular y excéntrica. El propio Congrains era un persona bastante excéntrica. Mario Vargas Llosa lo entrevistó en 1955 –para una columna de El Dominical de El Comercio– y rememora ese episodio en El pez en el agua:
De todos mis entrevistados, el más pintoresco y original fue, de lejos, Enrique Congrains Martín, quien estaba en ese momento en la cresta de la popularidad. Era un muchacho unos años mayor que yo, rubio y deportivo, pero serísimo y creo que hasta impermeable al humor. Tenía una mirada fija un poco inquietante y todo él transpiraba energía y acción. Lima, hora cero, Kikuyo, y, por último, la novela No una, sino muchas muertes, con la que puso fin a su carrera de escritor. Editaba y vendía sus libros de oficina en oficina, de domicilio en domicilio. Y nadie podía decirle que no, porque a quien le decía que no tenía dinero, le replicaba que podía pagarle en cuotas semanales de pocos centavos. Cuando lo entrevisté, Enrique tenía deslumbrados a todos los intelectuales peruanos que no concebían que se pudiera ser, a la vez, todas esas cosas que era él.
Había llegado a la literatura por razones puramente prácticas, aunque parezca mentira. Era vendedor de distintos productos desde muy joven, y se decía que, también, inventor de un sapolio para lavar ollas y que uno de los fantásticos proyectos que concibió había sido organizar un sindicato de cocineras de Lima, para exigir a través de esta entidad (que él manipularía) a todas las amas de casa de la capital que sólo fregaran sus trastos domésticos con el jabón de su invención. Todo el mundo concibe empresas delirantes; Enrique Congrains Martín tenía la facultad —en el Perú, inusitada— de llevar siempre a la práctica las locuras que se proponía. De vendedor de jabones pasó a serlo de libros, y, así, decidió un día escribir y editar él mismo los libros que vendía, convencido de que nadie resistiría este argumento: «Cómpreme este libro, del que soy autor. Pase un rato divertido y ayude a la literatura peruana.»
Así escribió los cuentos de Kikuyo, Lima, hora cero y, por último la novela No una sino muchas muertes, con la que puso fin a su carrera de escritor. Editaba y vendía sus libros de oficina en oficina, de domicilio en domicilio. Y nadie podía decirle que no, porque a quien le decía que no tenía dinero, le replicaba que podía pagarle en cuotas semanales de pocos centavos. Cuando lo entrevisté, Enrique tenía deslumbrados a todos los intelectuales peruanos que no concebían que se pudiera ser, a la vez, todas esas cosas que era él.
Y eso que apenas estaba comenzando. Tan rápido como llegó a la literatura se fue de ella, y pasó a ser diseñador y vendedor de extraños muebles de tres patas, cultivador y vendedor de árboles enanos japoneses, y por fin trotskista clandestino y conspirador, por lo que lo metieron a la cárcel. Salió y tuvo mellizos. Un día desapareció y no supe de él por mucho tiempo. Años más tarde descubrí que vivía en Venezuela, donde era el próspero propietario de una Escuela de Lectura Veloz, que ponía en práctica un método inventado, claro está, por él mismo.
Creador del libro "ASI ES COMO SE ESTUDIA", es un método científico de apredizaje de cómo leer.

JUAN CARLOS SILVA
http://juancarlosslva.blogspot.com

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